Noticias

25.04.2011Libros del Asteroide

Reseña de "Tren a Pakistán" en La Vanguardia

Reseña de "Tren a Pakistán" en La Vanguardia

LOS DÍAS DE ODIO

ROBERT SALADRIGAS
Culturas - La Vanguardia

Centenares de miles de muertos en la independencia de India

"En la India, el verano de 1947 no fue otro verano cualquiera’’. Con esta frase sencilla casi vulgar, arranca la novela de Khushwant Singh Tren a Pakistán (Train to Pakistan, 1956). No, aquel no fue un verano cualquiera. Un año antes, en pleno monzón, India había alcanzado la independencia de Gran Bretaña y el país había sido partido en una India hindú y un Pakistán musulmán. El mismo Khushwant Singh nació en 1915 en Hadali, una localidad que tras la escisión territorial quedó incorporada a Pakistán. Pues bien, según la crónica de la realidad, en el estío de 1946 se produjeron graves disturbios en Calcuta que luego se extendieron hacia el norte y el oeste, y al cabo de unos meses los muertos se contaban por decenas de miles. "Los dos bandos mataron: los dos usaron pistolas, cuchillos, lanzas y porras; los dos torturaron; los dos violaron", escribe el autor.

Han pasado más de seis décadas y la pugna no ha remitido, la separación sigue originando conflictos, han menudeado los enfrentarnientos armados. Cuando Khushwant Singh publicó Tren a Pakistán -hoy una obra clásica de la moderna literatura india- los hechos eran recientes y las sensibilidades estaban muy a flor de piel. Por otra parte, faltaba todavía mucho para que autores jóvenes de gran talento como Salman Rushdie (Hijos de la medianoche, 1980) y Vikram Seth (Un buen partido,1993), ofrecieran su personal visión de la historia reciente de India (que ellos no habían vivido) en dos monumentales y estupendas novelas convertidas desde su aparición en referentes.

Así que volvamos al pasado, a unos días infaustos vistos a través de la mirada conmovida y perpleja de Khushwant Singh. En 1947 había entre otras una diminuta y remota aldea del Punyab, a orillas del río Sutlej y junto a la frontera con Pakistán, llamada Mano Majra que era un inaudito "remanso de paz", como si no fueran con sus habitantes el millón de muertos por causa del odio desatado a un lado y otro de la raya fronteriza. La mayoría hindú y la minoría musulmana convivían en buena vecindad desde tiempos remotos. La vida cotidiana con sus lógicas incidencias, se regía por el paso regular de los trenes. Hasta cierto día que unos ladrones asesinan al prestamista Lala Ram Lal, se detiene en la estación un tren procedente de Pakistán cargado de cadáveres que son incinerados, y en una insensata represalia política el juez ordena desalojar a los habitantes musulmanes de Mano Majra para devolverlos a la zona pakistaní. Un grupo de jóvenes radicales, incluidos los asesinos del usurero, tienen el escalofriante proyecto de masacrar a quienes hasta el día antes habían sido sus apacibles convecinos asaltando el tren que les lleva a Pakistán.

Exquisita sencillez
Es la secuencia de los acontecimientos que describe con exquisita sencillez el sij Khushwant Singh, presentando la aldea de Mano Majra -tal vez ficticia, no lo sé- como una metáfora de lo sucedido en su país, un enorme país tejido de identidades culturales y religiosas múltiples que por fin, tras liberarse de la potencia colonizadora de pronto vive una profunda escisión y ve levantarse una frontera que se convierte en germen de un odio visceral, enloquecido, demoledor. ¿Cómo es posible que de repente estalle, arrase y perdure entre comunidades étnicas que tienen y comparten las mismas tierras, el mismo cielo, las mismas lluvias, los mismos vientos, aunque no los mismos gurús? Este es, según creo, el verdadero asunto del libro, el poderoso impulso ético que llevó a Khushwant Singh a escribirlo. Y la razón de su vigencia para el lector de aquí y ahora al margen de los valores estrictamente históricos y literarios. Una acertada recuperación


0comentarios


moderado a priori

Este foro está moderado a priori: tu contribución no aparecerá hasta haber sido validada por la administración del sitio.

  • (Para crear párrafos, deja líneas vacías.)

¿Quién eres? (opcional)
  • [Conectarse]